DR.
RICARDO FRANCO HERNANDEZ.
COLEGIO DE PEDIATRAS DEL ESTADO DE SONORA, A.C.
El
abuso sexual en niños es cada día más frecuente o quizá es
más frecuentemente reportado. También se sabe que el abuso
sexual es cometido por algún individuo a quien el niño o
adolescente conoce desde antes, y se sabe que esto ocurre
entre 75 y 80% de los casos; y en el 50% de los casos son
parientes, como los padres, ya sean los biológicos o
padrastros, novios de las madres, tíos, abuelos, hermanos,
etc. Es más probable que los niños sufran agresiones fuera
del hogar por personas no familiares, incluyendo
entrenadores, cuidadores y profesores. Pero otros autores
refieren, que los abusos sexuales en la infancia, son los
ocasionados por algún familiar (incesto). Las víctimas del
abuso sexual proceden de todos los grupos socioeconómicos y
de todas las razas. Aproximadamente el 75% de las víctimas
son niñas y que el 25% son niños. Pero algunos
investigadores creen que las estadísticas respecto a los
niños son erróneamente bajas, ya que los niños son menos
comunicativos que las niñas.
El
abuso sexual del niño es la implicación de niños y
adolescentes de ambos sexos, por lo tanto las niñas y los
niños, tienen actualmente el mismo riesgo de ser agredidos
sexualmente. Regularmente existe la evidencia que el agresor
siempre es mayor que sus víctimas. Y la finalidad del abuso
es la gratificación sexual de las personas de mayor edad. Es
frecuente que el incesto se repita con las sucesivas hijas.
Los culpables son, el 99% de las veces varones; las mujeres
suelen perpetrar estos abusos más a menudo en guarderías y
escuelas. La incidencia en padrastros es aproximadamente
cinco veces superior a la observada en padres biológicos.
En
algunos artículos se mencionan algunas estadísticas con
respecto a la edad de los niños abusados sexualmente, una
tercera parte son menores de 6 años, el otro tercio tienen
entre 6 a 12 años, y el tercio restante tiene entre 16 y 18
años de edad.
El
abuso sexual se ha identificado con una frecuencia creciente
desde la década de los 80s., en parte porque ha aumentado el
conocimiento médico de la anatomía anogenital en los niños y
además estudios para poder llegar a un diagnóstico
definitivo o final. La extensión y urgencia de la evaluación
dependen en parte de sí se alega el antecedente de un
episodio agudo de abuso o si se notifica que ocurrió en el
pasado. En todos los casos es necesario obtener una historia
médica cuidadosa y completa, incluyendo las acusaciones de
abuso. En la historia médica debe de incluirse con especial
atención a la existencia de traumatismos previos o de
procedimientos quirúrgicas en la zona anogenital. También
mencionar algo de una historia psicológica; ciertos
problemas conductuales que pueden ser más frecuentes en
niños que han sido víctimas de abusos (Enuresis, Encopresis,
Conducta sexualizada, Pseudomadurez, Infecciones
recurrentes, Flujo vaginal, Trastornos del sueño y hasta
atentados de suicidio. Es mejor que al entrevista sea
realizada por una persona con experiencia profesional en
entrevistas y en abuso sexual. Esta persona puede ser el
médico, una trabajadora social, un psicólogo o un asesor
para casos de violación. La entrevista debe estructurarse de
tal forma que incluya preguntas abiertas, como: ¿Qué
ocurrió? ¿Había ocurrido algo parecido? Si es así, ¿Cuándo
fue la primera vez? ¿Quién te lo hizo? ¿Alguien más te lo ha
hecho? ¿Cuántas veces ha ocurrido? ¿Dónde están las otras
personas (p. ej. , tú madre) cuando pasó eso? ¿Le contaste a
alguien los sucedido? , Sí, ¿A quién? y ¿Qué hicieron? .
También hay quienes usan métodos auxiliares como
ilustraciones o muñecos con detalles anatómicos, pero esto
lo debe de decidir el experto. Todo lo que diga la niña o el
niño, sobre todo si son afirmaciones, deben de quedar
registradas en la historia clínica de la forma más literal
posible. De ahí se pasa a la Exploración Física: Es muy
importante que el explorador esté familiarizado con la
anatomía anogenital normal de los niños y niñas prepúberes.
Recuerden que en los varones, la anatomía permanece
constante a lo largo de toda la niñez, a excepción del
incremento del tamaño del pene y de los testículos y de la
aparición del vello pubiano durante la adolescencia. En
cambio en las niñas existen modificaciones constantes entre
la lactancia y adolescencia. Todas las niñas nacen con un
himen, que es grueso y completo y cubre el orificio del
himen en las recién nacidas. A medida que regresan las
hormonas maternas, el himen se vuelve más delgado y
traslúcido, y a menudo tiene forma de media luna. Al inicio
de la pubertad, el himen se engruesa de nuevo, tiene un
borde festoneado, y está lleno. La penetración del himen en
adolescentes pospúberes `puede dar lugar a distensión sin
desgarro tisular. En niñas prepúberes, los cortes pueden
curarse dejando escasa evidencia residual. El médico debe
ser consciente de que un examen anogenital normal no
descarta la posibilidad de abuso sexual. Muchos tipos de
abuso (como el contacto orogenital y las caricias), no se
espera que den lugar a cambios visibles.
En
caso de abuso sexual reciente (agudo) pueden ser fácilmente
visibles las pruebas de la lesión, especialmente si se
realiza una exploración con ayuda de lentes de aumento, como
por ejemplo un colposcopio, por su potencial de obtener
imágenes con aumento, y la documentación fotográfica o en
cinta de vídeo. La mayor parte de las lesiones genitales
recientes son localizadas entre la posición de las 4 y la de
las 8 horas. Primero se lesionan los labios menores y la
horquilla posterior, seguido de desgarros del anillo
posterior del himen. El orificio del himen se mide en
dirección horizontal mientras se separan los labios
lateralmente. Durante los primeros 5 años de vida, un
diámetro horizontal superior a 5 mm. es anormal y debe
despertar sospechas de penetración vagina. Entre 5 y 9 años,
se admite 1 mm. más por año. También es anormal que el
diámetro supere los 9 mm. en cualquier niña de 9 años o
mayores que no han entrado a la pubertad (estadio 2 de
Taner).
Es
más difícil la evaluación de niños y niñas que han sufrido
abusos en el pasado o de forma crónica. Muchas lesiones se
curan con escasa cicatrización residual. La cicatrización
que pueden presentarse en forma de roturas del contorno del
himen, con muescas o cavidades. También el patrón de los
vasos sanguíneos puede aparecer interrumpido, y pueden ser
evidentes zonas de aumento o de disminución de la
vascularización. A veces existe una llamativa reducción o
atenuación del tejido del himen.
Los
genitales masculinos se lesionan con menos frecuencia por el
abuso sexual. Las lesiones que se observan más
frecuentemente en niños varones prepúberes, así como en
algunas niñas, afectan a la zona perianal. Cuando sí existen
alteraciones, pueden aparecer en forma de cicatrices,
manchas o irregularidades del contorno o el tono anal. Y en
especial debe de buscarse, en el niño: Eritema anogenital.
Hemorragia anorectal, Secreción anogenital, Cicatrices
anogenitales, Síntomas conductuales y Revelación del abuso.
No
olvidemos que existen situaciones erróneas que son
interpretadas como de abuso sexual y entre estas están:
Genitales: Traumatismo accidental, Liquen esclerosó y
atrófico, Prolapso uretral, Malformaciones congénitas y
Hemangioma. Anales: Enfermedad inflamatoria
intestinal, Hemorroides, Absceso anal asociado a
neutropenia, Absceso perirectal e Infecciones estreptocócica
perianal.
También debemos mencionar que existen transtornos asociados
a flujo vaginal y que nos orientan para el diagnóstico,
Enfermedades de transmisión sexual: Gonorrea, que tiene
un período de incubación de 2 a 7 días y si es positiva
seguro que hubo abuso sexual. Clamidia, período de
incubación variable (mínimo 1 semana) y si es positiva es
probable que hubo abuso sexual. Trichomonas, con un
período de incubación de 4 a 20 días (promedio 1 semana) y
si es positiva es probable que hubo contacto sexual.
Sífilis, con 10 a 90 días de incubación, con un promedio de
3 semanas y si es positiva es seguro que hubo
contacto sexual. Virus del herpes simple tipo II, con un
periodo de incubación de 2 a 14 días, si es positivo
probable que hubo abuso sexual. Virus del papiloma
humano (condilomas acuminados), se desconoce el tiempo del
periodo de incubación, pero varía de 3 meses a varios años,
de ser positivo es posible que hubo abuso sexual.
Hepatitis B, con 45 a 160 días de incubación, con un
promedio de 120 días, de ser positiva, es posible que
hubo abuso sexual. Virus del herpes tipo I (ubicación
genital), con un periodo de incubación de 2 a 12 días, y que
de ser positivo, es posible que hubo abuso sexual.
VIH (SIDA), con incubación variable (meses a años) y si es
positiva, es posible que hubo abuso sexual. Vaginosis
bacteriana (vaginosis no específica o causada por
Gardnella), de la cuál se desconoce su periodo de
incubación, y de ser positiva, es incierto que hubo
abuso sexual. Ureoplasma urealyticum, con un periodo de
incubación de 10 a 20 días, que de ser positivo, la
posibilidad es incierta de que hubo abuso sexual.
Trastornos de transmisión no sexual: Candidiasis, que
tiene un periodo de incubación desconocido y que de ser
positivo el resultado es improbable que hubo abuso
sexual. Shigelosis Infección por estreptococo
beta-hemolitico del grupo A y Cuerpo extraño en la vagina.
Se
han clasificado, otros tipos de abusos sexuales: Los abusos
deshonestos, el estupro y la violación. Los abusos
deshonestos consisten en tocar o acariciar los genitales del
niño o en solicitar a éste que haga lo mismo con los
genitales del adulto; el término también abarca la
contemplación forzada de actos sexuales o de pornografía. El
estupro comprende la penetración vaginal, oral o rectal (o
intento de penetración) sin asalto sexual. Si no se detecta
a tiempo y se interviene, los abusos deshonestos casi
siempre evolucionan a relaciones sexuales completas.
PRUEBAS COMPLEMENTARIAS:
Cuando la agresión ha tenido lugar en las 72 horas previas a
la exploración, se deben de tomar pruebas de valor forense,
como lo exijan las leyes de cada Región, Estado o País. La
obtención de estas pruebas habitualmente implican tomar
muestras de lavados vaginales y de secreciones desecadas,
que son analizadas buscando espermatozoides o semen. Además
de confirmar que se ha producido una agresión sexual. la
presencia de semen puede ayudar a confirmar o descartar que
un individuo es sospechoso.
¿Cuales podrían ser las evidencias, que deben de tomarse en
cuenta para que se sospeche de abuso o agresión sexual en un
niño o niña? Si se sospechan antecedentes de contacto
sexual, pérdida de conciencia o si el relato es inadecuado,
han de considerarse:
1.
Evidencia de enfermedad de transmisión sexual.
-
Cultivos gonocócicos de faringe, vagina o cuello
uterino, recto.
-
Cultivos de clamidia de faringe, vagina o uretra,
recto.
-
Pruebas de RPR o VDRL de sífilis; si resultan
positivas, confirmar con pruebas de anticuerpos
específicos.
-
Si existe sospecha clínica, otros estudios de
enfermedades venéreas.
2. Si
la paciente menstrúa, prueba de embarazo.
3.
Evidencia de contacto sexual, incluyendo 2 a 3 muestras,
obtenidas con hisopo en cada zona de contacto, de:
-
Esperma.
-
Fosfatasa ácida (secretada por la próstata y
componente del plasma seminal).
-
P 30 (glucoproteína de la próstata presente en el
líquido seminal).
-
Antígenos del grupo sanguíneo.
4.
Evidencia para identificar al agresor:
-
Material extraño en la ropa.
-
Pelo que no es del paciente.
La
rotura del himen no es un hallazgo útil en el
diagnóstico o prueba confirmatoria, particularmente como
hallazgo aislado de abuso sexual, al analizar el himen es
buscar cicatrices o rasgaduras, que sería lo más importante.
TRATAMIENTO:
Aquí
pueden mencionarse 3 aspectos con respecto al tratamiento de
los niños o niñas que han sido abusados sexualmente.
En
primer lugar, es necesario tratar los problemas de tipo
médico que se presenten como consecuencia del abuso, como
por ejemplo las heridas traumáticas. Además se deben de
tratar las enfermedades que se hayan transmitido por
contacto sexual. A las adolescentes que han sido víctimas de
violación se les debe ofrecer consejo respecto al embarazo y
la profilaxis de las enfermedades de transmisión sexual.
En
segundo lugar es necesario asegurar el bienestar emocional
de los pacientes. Si se trata de una agresión aguda, es
obligada una intervención para la crisis. Los niños que han
sido víctimas de abuso sexual crónico o en pasado, deben de
ser enviados a los servicios adecuados de asesoramiento.
En
tercer lugar el médico debe de notificar el incidente de
violación o abuso sexual a los organismos adecuados, según
indiquen las leyes del lugar en el que se ejerce. Puede
pedírsele al médico que testifique en juicio respecto a
determinado hallazgo, y su opinión sobre si se ha producido
el abuso. El actuar como testigo puede resultar
amedrentador. Es útil que el médico revise la historia
clínica con tiempo y que trate acerca de esta información
con el abogado que le cita.
PRONOSTICO:
En
este punto, no hay que olvidar que hay muchos factores que
influyen sobre el pronóstico en caso de abuso sexual de los
niños de ambos sexos, incluyendo la relación del agresor con
el niño, la cronicidad del abuso, el apoyo que reciba tras
la revelación, y las condiciones psicosociales
preexistentes. Las lesiones físicas son habitualmente
inexistentes o menores, y la curación tiene lugar con
mínimas pruebas residuales. En la mayoría de los casos, está
indicada la ayuda psicológica. Este asesoramiento es
beneficioso, y en un entorno de apoyo la recuperación
emocional no sólo es posible sino que es probable.
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(Capítulo 6).